Navarra y los toros

Los medios de comunicación han recogido unas recientes declaraciones mías sobre la fiesta de los toros en las que, a preguntas de los periodistas, me referí a la arraigada tradición taurina existente en Navarra. No debí expresarme adecuadamente pues igual que creo que los toros forman parte de las tradiciones festivas más arraigadas de Navarra, ¡cómo no voy a entender que haya navarros a los que no les guste!
En las últimas semanas nos hemos visto envueltos en el debate: toros sí o toros no. Yo creo que el asunto está mal enfocado y debería ser: libertad sí o libertad no.
Sí en España hemos llegado a que una adolescente de 16 años puede tener la libertad de abortar sin el permiso de sus padres, qué razones pueden esgrimirse para que los ciudadanos no podamos elegir entre ir o no ir a una corrida de toros.
Es verdad que el debate va mucho más allá de una defensa a ultranza de los animales y se ha derivado más a una cuestión política. La mayoría de las fuerzas políticas catalanas, en su afán de alejarse de todo lo genuinamente español, han decidido prohibir las corridas de toros intentando tapar su principal argumento: rechazar todo lo que se identifique claramente con la cultura española.
Los toros son cultura, y forman parte tanto de la historia de España como de la de Navarra. En esta tierra, hablar de toros es hablar de tradición, de costumbre y por qué no, de fiesta. En cualquier rincón de Navarra se celebran actos taurinos. No hay más que acudir estos días a las fiestas de cualquier pueblo de nuestra Comunidad y darse cuenta de lo arraigada que está aquí esta legendaria tradición.
Yo por supuesto que defiendo las corridas de toros, pero lo que también defiendo es el respeto hacía las personas que libremente opinan lo contario y toman la decisión de no acudir a ellas. Tengo un buen amigo que no está de acuerdo con las corridas de toros, pero los dos coincidimos en que cada uno debemos tener la posibilidad de poder elegir.
La libertad, que es el bien más preciado que tiene el ser humano, no debería perderse por un simple gesto político. Todos, desde nuestras diferentes posturas y visiones, deberíamos ser capaces de respetarnos y defender la elección de poder acudir o no a un espectáculo que ha traspasado nuestras fronteras y del que muchos estamos muy orgullosos.

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Confianza en los jóvenes

El 12 de agosto hemos celebrado el Día Internacional de la Juventud y lo hemos hecho teniendo presente un dato muy preocupante; según la Organización Internacional del Trabajo el 13% de los jóvenes entre 19 y 24 años está en desempleo.
Hay expertos que hablan de una generación perdida desde el punto de vista laboral debido a la crisis económica.
Si estos datos resultan alarmantes a nivel internacional, mucho más lo son si los localizamos en España, donde la tasa de paro en esta franja de edad supera el 40%.
Más de 4 de cada 10 jóvenes españoles que desean trabajar no consiguen un puesto de trabajo, a pesar de formar parte de la generación mejor preparada de la historia de nuestro país.

Hoy los jóvenes hablan mayoritariamente inglés y otras lenguas, dominan las nuevas tecnologías, han estudiado bachillerato, ESO, FP o carrera universitaria, incluso algunos de los desempleados tiene más de una carrera o son doctores.
Esta claro que algo está fallando en España.
Las políticas emprendidas por el Gobierno de España distan mucho de ofrecer alternativas y oportunidades a los jóvenes, por mucho que el partido socialista hiciera de ellos uno los eslóganes principales de las campañas electorales.
Resulta que algunos se acuerdan de los jóvenes, única y exclusivamente cuando llegan las elecciones y pronto volveremos a verlo, pero se olvidan de ellos en el mismo momento que alcanzan el poder.
Personalmente siempre he creído mucho en los jóvenes, dándoles oportunidades y haciéndoles parte de diferentes equipos; siempre me ha dado muy buen resultado.
Quienes tenemos responsabilidades públicas tenemos como objetivo y preocupación principal generar empleo, pero más concretamente si cabe, un empleo joven de calidad y adecuado a la formación, debe ser una prioridad básica para construir una Comunidad y un País que progresen y que garanticen en el futuro el Estado de Bienestar.
El progreso pasa por confiar en los jóvenes.

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Yolanda Barcina valora los Sanfermines 2010

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Yolanda Barcina en el Chupinazo 2010

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